BUENOS AIRES – En un giro que traslada la emergencia sanitaria al terreno de la alta política internacional, el Gobierno de la República Argentina ha lanzado una acusación formal contra la Organización Mundial de la Salud (OMS). La administración del presidente Javier Milei sostiene que el organismo internacional está instrumentalizando la reciente confirmación de la cepa de hantavirus transmisible entre humanos para ejercer presión y condicionar decisiones que competen estrictamente a la soberanía del país austral.
El eje de la discordia: ¿Salud pública o injerencia? La controversia estalló tras las declaraciones del vocero presidencial, Manuel Adorni, quien, en su habitual conferencia en la Casa Rosada, calificó de «intromisión inaceptable» las recomendaciones y posibles restricciones de viaje sugeridas por la OMS tras el brote detectado en el crucero internacional. Según la postura oficial de Buenos Aires, el organismo dirigido por Tedros Adhanom Ghebreyesus estaría utilizando la alarma epidemiológica como una herramienta de «chantaje diplomático».
«No vamos a permitir que organismos internacionales utilicen una situación sanitaria, que ya está siendo controlada por nuestros expertos, para dictarnos cómo debemos manejar nuestras fronteras o nuestras políticas internas», aseveró Adorni, sugiriendo que la OMS busca imponer protocolos que afectarían la reactivación económica y el turismo en la región patagónica.
La defensa técnica del Ministerio de Salud En la misma línea, el Ministro de Salud, Mario Russo, defendió la capacidad técnica de los laboratorios nacionales, como el Instituto Malbrán, para gestionar la crisis sin necesidad de tutelajes externos que impliquen cesión de soberanía. El gobierno argentino sostiene que, si bien la cepa Andes es de cuidado, la declaratoria de una emergencia de mayor escala por parte de la OMS es «desproporcionada» y tiene matices políticos ocultos.
Fuentes de la cancillería argentina, liderada por Diana Mondino, indicaron que se enviará una nota de protesta ante la sede de la organización en Ginebra. La administración Milei sospecha que esta presión sanitaria coincide con las negociaciones de tratados internacionales de preparación ante pandemias, a los cuales Argentina ha mostrado reparos por considerarlos restrictivos para las libertades individuales y el comercio.
Nombres en el centro de la polémica Mientras el gobierno endurece su discurso, figuras de la oposición y expertos en salud global, como el exministro Adolfo Rubinstein, han expresado su preocupación por el aislamiento diplomático que esta postura podría generar. «La colaboración con la OMS es vital en casos de virus con potencial pandémico; la soberanía no debe estar reñida con la evidencia científica», señalaron sectores críticos.
Por su parte, la representante de la OPS/OMS en Argentina, cuya gestión ha sido puesta bajo la lupa por la Casa Rosada, ha evitado entrar en confrontaciones directas, limitándose a reiterar que las alertas se emiten sobre la base de hallazgos biológicos objetivos y no por agendas políticas.
Un precedente peligroso Este enfrentamiento marca un precedente de alta tensión en las relaciones entre el Cono Sur y los organismos multilaterales. Argentina se mantiene firme en que el manejo del brote de hantavirus es una cuestión doméstica, mientras el mundo observa con inquietud si esta brecha diplomática podría entorpecer los esfuerzos colectivos para contener la propagación de la nueva cepa interhumana.

