CIUDAD DEL VATICANO / CHICLAYO – Se cumple el primer aniversario de un hito que redefinió la historia de la Iglesia Católica y llenó de orgullo al Perú: la elección del cardenal chiclayano como el Sumo Pontífice número 267. Bajo el nombre de León XIV, el «Papa de la sonrisa norteña» ha completado sus primeros doce meses en la Silla de Pedro, marcando un estilo donde la calidez del desierto peruano se ha fusionado con la solemnidad del Vaticano.
Del «Parque Principal» a la Plaza de San Pedro Aquel histórico cónclave de mayo de 2025 sorprendió al mundo cuando el humo blanco anunció la elección de un hombre formado en las parroquias populares de Chiclayo. Hoy, un año después, el informe especial de RPP resalta cómo León XIV ha mantenido su identidad intacta: desde sus constantes alusiones a la gastronomía lambayecana en audiencias privadas hasta su insistencia en una Iglesia «con olor a pueblo y sabor a esperanza».
«No soy un Papa de palacios, soy un párroco que el Señor envió a Roma», suele repetir el Pontífice, quien ha reemplazado parte del protocolo rígido por caminatas espontáneas y un lenguaje directo que conecta especialmente con el sur global.
El eje de su primer año: Justicia y Ecología La gestión de León XIV ha estado marcada por tres pilares fundamentales:
- La Opción por los Periféricos: Ha realizado viajes apostólicos a zonas de conflicto y pobreza extrema, llevando un mensaje de paz que resuena con la fuerza de quien conoce las carencias de las regiones latinoamericanas.
- Reforma de la Curia: Con la tenacidad del «viento chiclayano», ha continuado la limpieza administrativa iniciada por sus predecesores, promoviendo una transparencia financiera total.
- Diálogo Interreligioso: Su capacidad de escucha ha sido clave para distender conflictos en el Medio Oriente, actuando como un puente humano entre culturas enfrentadas.
Chiclayo en el corazón del Vaticano La «Ciudad de la Amistad» no ha sido ajena a este primer año. Las celebraciones en la Catedral de Chiclayo y en su natal Reque han sido multitudinarias. Los fieles recuerdan con emoción el momento en que, poco después de su elección, León XIV rompió el protocolo para bendecir una bandera peruana que ondeaba en medio de la multitud en Roma.
«Es el mismo de siempre, el que caminaba por nuestras calles», comenta un antiguo vecino del Papa en el informe, destacando que el Pontífice mantiene comunicación frecuente con su antigua diócesis para seguir de cerca los proyectos sociales en el norte del Perú.
Los desafíos hacia el futuro A pesar de la alta aprobación, el camino no ha sido sencillo. León XIV ha enfrentado críticas de sectores conservadores que ven con recelo su apertura y su estilo informal. Sin embargo, el Papa peruano ha respondido con la serenidad de quien confía en la Providencia, enfocándose en su próxima encíclica, que se rumorea tratará sobre la «fraternidad en tiempos de crisis tecnológica».
A un año de aquel «¡Habemus Papam!» que paralizó al Perú, León XIV se consolida como una figura de unidad global, recordándole al mundo que desde un rincón del norte peruano también se puede guiar el destino espiritual de millones.

