La Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos ha establecido en secreto un grupo de trabajo especial para Cuba con el fin de dirigir de forma inmediata recursos financieros, humanos y técnicos que presionen al Gobierno de La Habana, según informaron fuentes vinculadas a esta operación al diario estadounidense The New York Times (NYT).
Esta medida, adoptada en el marco de una agresiva estrategia de asfixia política y económica coordinada por la Casa Blanca, buscaría quebrar la cohesión de la élite gobernante en la isla y forzar las reformas económicas y políticas exigidas por el presidente Donald Trump.
Para lograrlo, la inteligencia norteamericana ha sumado especialistas de diversos campos con el propósito de llevar a cabo una campaña encubierta prolongada, en un contexto donde no se descarta una eventual intervención militar, indica el informe del NYT.
Para lograrlo, la inteligencia norteamericana ha sumado especialistas de diversos campos con el propósito de llevar a cabo una campaña encubierta prolongada, en un contexto donde no se descarta una eventual intervención militar, indica el informe del NYT.
La organización interna de este grupo especial, de acuerdo con la información obtenida en exclusiva por The New York Times, ha comenzado a reclutar de manera progresiva a oficiales de casos especializados en el reclutamiento de espías, analistas de inteligencia, expertos en ciberoperaciones y oficiales dedicados exclusivamente a la influencia encubierta.
El objetivo principal de este despliegue es identificar y explotar fisuras dentro de la cúpula militar y política cubana para incentivar el reemplazo de los dirigentes de línea dura por líderes más pragmáticos y abiertos a las demandas de Washington.
A pesar de la flexibilidad operativa que caracteriza a este tipo de dependencias de inteligencia, la legislación estadounidense actual prohíbe explícitamente a esta unidad la autorización de operaciones letales.
Asimismo, los reportes de inteligencia confirman que el grupo secreto no cuenta con socios organizados en el terreno dentro de la isla caribeña, lo que marca una distancia sustancial frente a las agresiones armadas del siglo pasado.
El gobierno cubano reaccionó con dureza ante la revelación de estas operaciones de espionaje y desestabilización por parte de Washington, acusando a la diplomacia norteamericana de mantener una postura cínica respecto a la seguridad nacional de la isla.
«Las intenciones aquí no son ninguna sorpresa, ya que Cuba ha sido durante mucho tiempo el objetivo de los esfuerzos de espionaje, subversión y desestabilización de la CIA, incluido el terrorismo», declaró el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, en un comunicado enviado a NYT.
La tensión bilateral alcanzó su punto álgido en mayo pasado, cuando el director general de la CIA, John Ratcliffe, realizó un viaje secreto a La Habana para reunirse con altos cargos del régimen, entre ellos Raúl G. Rodríguez, conocido como «El Cangrejo» y nieto del expresidente Raúl Castro.
Cuba asciende a máxima prioridad de espionaje para Washington
La creación de esta unidad especial coincide con una reestructuración profunda en las prioridades de seguridad de Estados Unidos.
La administración de Donald Trump modificó recientemente el Marco Nacional de Prioridades de Inteligencia para clasificar a Cuba como «Prioridad 1», un estatus de máxima alerta que comparte únicamente con naciones como China, Irán y Rusia.
Según reveló el portal de noticias Politico, este cambio de categoría ha impulsado a agencias como la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y la Agencia Nacional de Inteligencia-Geoespacial a redirigir activos tecnológicos de alta gama, incluidos satélites de reconocimiento, hacia el territorio cubano.
Esta masiva recolección de datos no solo alimenta las operaciones de la CIA, sino que también sirve para que el Pentágono actualice sus planes de contingencia ante una potencial acción militar, una opción que la Casa Blanca mantiene bajo análisis.
Paralelamente, la presión económica se ha intensificado de forma drástica.
Washington ha impuesto un severo embargo petrolero que mantiene a la isla en constantes apagones, provocando además el cierre temporal de hoteles extranjeros y el bloqueo de activos pertenecientes a entidades públicas y altos mandos militares cubanos.
Entre los sancionados figura Roberto Legrasotolongo, primer viceministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, como parte de una ofensiva liderada por el secretario de Estado, Marco Rubio, destinada a neutralizar el conglomerado militar GAESA.
El secretario de Estado de Estados Unidos ha respaldado públicamente la intensificación del cerco de inteligencia, argumentando que el aparato de seguridad de La Habana representa un desafío formidable e histórico para la seguridad nacional de su país.
«En lo que respecta a operaciones de espionaje e influencia, Cuba es una verdadera superpotencia en estos ámbitos», aseguró el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en una entrevista concedida a la cadena Fox News.
Advertencias en La Habana y la sombra de la contrainteligencia
La tensión bilateral alcanzó su punto álgido en mayo pasado, cuando el director general de la CIA, John Ratcliffe, realizó un viaje secreto a La Habana para reunirse con altos cargos del régimen, entre ellos Raúl G. Rodríguez, conocido como «El Cangrejo» y nieto del expresidente Raúl Castro.
Durante este encuentro, el jefe de la inteligencia norteamericana transmitió un ultimátum para que la isla cese su cooperación militar y de inteligencia con Rusia y China, advirtiendo que el tiempo para implementar reformas políticas se está agotando.
La presencia operativa de la CIA en la isla ha tenido un desarrollo accidentado en la última década.
La estación de la agencia en La Habana fue cerrada por completo durante el primer mandato de Trump tras reportarse los primeros casos del denominado síndrome de La Habana.
Aunque la oficina se reestableció en 2024, las severas medidas de vigilancia impuestas por la contrainteligencia cubana dificultan significativamente las tareas de reclutamiento de informantes en el terreno.
Esta perspectiva sobre la peligrosidad del espionaje cubano es compartida por antiguos oficiales de alto rango de la CIA, quienes advierten en informes oficiales que la capacidad operativa de los agentes de la isla supera la de históricos rivales de la Guerra Fría.
«Los situaría probablemente como el servicio de inteligencia más complicado contra el que he trabajado. No solo porque sean tan astutos y despiadados, sino porque son extraordinariamente buenos», señaló James Olson, exjefe de contrainteligencia de la CIA, en un documento publicado por el Departamento de Estado.

