El proyecto Guayabales, situado en Caldas, tenía un objetivo claro: localizar y evaluar reservas de oro, plata y cobre. Sin embargo, durante el análisis de unas muestras de roca apareció una señal inesperada. Un geólogo detectó pequeñas manchas blancas que reaccionaban de una forma particular bajo luz ultravioleta.
El mineral resultó ser scheelita, una de las principales fuentes de tungsteno, también conocido como wolframio. Collective Mining, compañía canadiense responsable del proyecto, ya había identificado indicios de este elemento en la zona en 2023, pero los nuevos estudios permiten poner cifras sobre la mesa y valorar con mayor precisión su posible importancia.
La empresa calcula que el yacimiento contiene 37 millones de toneladas de roca dentro de una categoría considerada más fiable y otras 48,2 millones de toneladas en una estimación todavía preliminar. Dentro de ese conjunto habría unas 3.940 toneladas de tungsteno contenido.
¿Por qué este metal ha ganado tanta importancia?
El tungsteno destaca por sus propiedades. Tiene un punto de fusión superior a los 3.400 grados y una elevada dureza, características que lo hacen útil para fabricar herramientas de corte, componentes industriales, dispositivos electrónicos y materiales empleados en sectores aeroespaciales y de defensa.
Su importancia también está relacionada con la concentración de la producción mundial. China domina buena parte del suministro y, desde 2025, ha aplicado restricciones a determinadas exportaciones de minerales estratégicos en el marco de sus tensiones comerciales con Estados Unidos.
Ese escenario ha provocado que otros países busquen nuevas fuentes de abastecimiento. Por eso, un posible yacimiento de tungsteno en Colombia adquiere una dimensión que va más allá de la minería local: podría convertirse en una pieza de una cadena de suministro internacional que intenta reducir su dependencia de unos pocos productores.
Colombia tiene el mineral, pero todavía no tiene la industria
El principal interrogante está ahora en la capacidad del país para aprovechar el recurso. El tungsteno identificado se encuentra en roca dura, una condición que permite realizar perforaciones y calcular con mayor precisión el tamaño y las características del depósito.
Pero encontrar el metal no significa que vaya a convertirse automáticamente en una mina. Collective Mining todavía debe determinar si la extracción es económicamente viable, completar los estudios técnicos y obtener los permisos ambientales correspondientes.
Además, existe otro desafío: Colombia podría llegar a producir concentrado, pero transformar el tungsteno en productos de mayor valor añadido requiere instalaciones y conocimientos industriales específicos que actualmente no están desarrollados a gran escala en el país.
La compañía plantea solicitar la licencia ambiental en 2027 y completar el estudio de viabilidad hacia 2029. Solo después podría comenzar una eventual construcción.
El proyecto contempla una inversión cercana a los 1.000 millones de dólares y miles de puestos de trabajo si finalmente llega a desarrollarse. Sin embargo, todas esas cifras dependen de que las siguientes etapas confirmen la viabilidad económica, ambiental y técnica del yacimiento.
El hallazgo, por tanto, abre una posibilidad, pero todavía no representa una nueva mina en funcionamiento. El verdadero desafío será convertir esas toneladas enterradas en una cadena industrial capaz de generar valor sin comprometer los recursos naturales de la zona.

