La revelación del exvicecanciller
En una contundente entrevista para la prensa nacional, el embajador Hugo de Zela ha reiterado que el presidente de la República, Balcázar, tenía pleno conocimiento de las gestiones para la compra de una flota de aviones de combate F-16 desde el pasado mes de febrero. Estas declaraciones desmienten las versiones iniciales que sugerían que la decisión fue un movimiento de última hora o una iniciativa exclusiva del sector Defensa sin la venia directa del mandatario.
De Zela, cuya trayectoria en la diplomacia peruana le otorga un peso específico a sus palabras, señaló que existieron canales de comunicación formales y reportes detallados que llegaron al despacho presidencial meses antes de que la noticia se hiciera pública.
El origen del financiamiento: ¿Fondos destinados a la emergencia?
Uno de los puntos más álgidos de la controversia radica en la procedencia de los fondos para esta millonaria transacción. Según lo expuesto en el debate político, se cuestiona si el Ejecutivo utilizó recursos que originalmente estaban destinados a atender la emergencia por los desastres naturales que han golpeado diversas regiones del país.
Ante estas acusaciones, De Zela ha sido enfático en que la transparencia es imperativa, pues la compra de equipo bélico en un contexto de crisis social y climática exige una justificación que el presidente Balcázar aún no ha logrado articular con claridad ante la ciudadanía.
Reacciones en el Congreso y el Ejecutivo
La ratificación de De Zela ha generado un sismo en el Parlamento. Diversas bancadas han comenzado a solicitar la presencia del Ministro de Defensa y del titular de Economía para que expliquen la hoja de ruta de esta adquisición. Por su parte, desde el Palacio de Gobierno, el silencio ha sido la respuesta predominante, aunque fuentes cercanas a la presidencia intentan matizar los dichos del embajador, argumentando que las «conversaciones preliminares» no constituían una decisión final en aquel entonces.
Un escenario de desconfianza
El fondo de esta disputa no es solo técnico o militar, sino ético. La opinión pública observa con suspicacia cómo, mientras el país demanda inversión en infraestructura y ayuda humanitaria, el Gobierno prioriza la renovación de la fuerza aérea. La insistencia de Hugo de Zela en que el presidente conocía el plan desde febrero pone en duda la supuesta «sorpresa» o «urgencia» con la que el Ejecutivo pretendió presentar la operación en días recientes.
La nación aguarda ahora una respuesta directa del presidente Balcázar, quien se encuentra acorralado entre la necesidad de modernizar las Fuerzas Armadas y el deber de rendir cuentas sobre la gestión de los recursos públicos.

