El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha intensificado su confrontación con el Banco de la República tras cuestionar sus políticas monetarias y la reciente gestión de sus directivos.
Los puntos de este conflicto son:
Amenaza sobre el salario mínimo
Petro advirtió que, si el Banco Central continúa elevando las tasas de interés —lo cual considera que dificulta el acceso al crédito y afecta a las familias—, su Gobierno tomará medidas contrapuestas, incluyendo un nuevo aumento del salario mínimo para proteger el poder adquisitivo de los ciudadanos.
Críticas al gerente del Banco
El mandatario calificó de «fobia al conocimiento» la decisión del gerente del Banco, Leonardo Villar, de no asistir a un foro sobre política monetaria organizado por el Ministerio de Hacienda. Villar justificó su ausencia alegando que el entorno del evento no era oportuno y para evitar que se politizara.
Postura del Banco
Por su parte, Villar defendió la autonomía del Banco de la República, amparada en la Constitución de 1991. Argumentó que el control de la inflación es clave para el crecimiento económico y que las críticas del Ejecutivo sobre supuestos intereses particulares son infundadas.
Causas de la inflación
Petro desestimó las explicaciones tradicionales sobre el origen de la inflación, atribuyendo el aumento de precios a factores externos y prácticas especulativas, señalando directamente a la empresa Enel por incidir en el costo de la energía.
En cuanto al manejo de la inflación, el gerente destacó que este control es una práctica globalmente aceptada y que mantenerla en niveles bajos y estables es clave para fomentar el crecimiento económico y el empleo. En su opinión, una flexibilización prematura de la política monetaria podría generar un incremento temporal, pero llevaría a un repunte inflacionario después de 12 a 18 meses.
En su carta, Villar explicó que varios integrantes de la Junta no consideraron apropiado participar en la cita del ministerio debido a «ataques injustificados» del Ejecutivo. Asimismo, expresó su preferencia por ser parte de debates más adelante, una vez pasadas las elecciones, para evitar que el evento fuera percibido como politizado.

